jueves, 6 de mayo de 2010

Lección 38. EL REINO DE DIOS

A. DEFINICION:

El “Reino de Dios” quiere decir principalmente el mando de Dios, la autoridad divina y real. No hay distinción entre el “Reino de Dios” y el “Reino de los cielos.” Estos términos son variaciones lingüísticas de la misma idea. Hay un reino hostil, “el reino de este mundo,” bajo el mando de Satanás. El propósito del reinado de Cristo es el de destruir las fuerzas hostiles y someter todo al mando del Soberano Divino. El último enemigo que será des­truido será la muerte. Cuando todo haya sido sometido al mando y dominio del Padre, el oficio del Hijo terminará, porque habrá cumplido el propósito.

B. LA IMPORTANCIA DEL REINO DE DIOS:

El “Reino de Dios” es mencionado cuatro veces en Mateo, catorce veces en Marcos, treinta y dos veces en Lucas, dos veces en Juan, seis veces en Hechos y ocho veces en las cartas de Pablo. Es mencionado muchas veces más con otros títulos, tales como, “Reino de los cielos,” etc. La esperanza de Israel era que el Mesías viniera a derrocar a sus enemigos. La importancia de esto se ve en las preguntas que los discípulos hicieron ansiosamente respecto al reino (Hechos 1:6).

C. HAY DOS REQUISITOS PARA UN REINO:

Referencias Bíblicas:

Apocalipsis 19:6 “. .. el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina.”

1 Corintios 15:25 “Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.”

Los dos requisitos para un reino son:

1. Un rey, un monarca reinante.
2. Un reino con súbditos sobre quienes él reina.

Jesús es nuestro Rey. Si somos miembros del Reino de Dios, Jesús es nuestro Rey. Si somos miembros del Reino de Dios, Jesús reina en nuestros corazones. No podemos decir que somos miembros del Reino de Dios si no hemos coronado a Jesús Rey de nuestras vidas.

El Reino de Dios durante la dispensación de la iglesia no es un reino material, sino un reino espiritual. Es Jesús reinando en el corazón de cada uno de los creyentes. Efectivamente, cuando Jesús está sentado en el trono del corazón del hombre, El reina mucho más eficazmente que si El reinara en un reino material. Mientras Jesús reine en el corazón del hombre, Jesús gobierna sus deseos, aspiraciones, ambiciones y emociones. Así Dios reina plenamente y Su voluntad es obedecida completamente.

D. EL REINO DE DIOS ESTA ENTRE VOSOTROS:

Referencias Bíblicas:

Lucas 17:20-21 “El reino de Dios no vendrá con advertencia porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.”

Juan 18:36 “Mi reino no es de este mundo.”

Romanos 14:17 “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”

1 Corintios 4:20 “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.

El Reino de Dios no es un reino material. Es un reino espiritual entre nosotros. No se ve por medio de evidencia material como comida y bebida, sino por el fruto del Espíritu Santo; justicia, paz y gozo; según la promesa del Señor que recibiremos poder cuando seamos bautizados con el Espíritu Santo. Es un reino de poder (Hechos 1:8; Lucas 24:49).

El Reino de Dios es Jesús reinando en las vidas y corazones de los creyentes llenos del Espíritu Santo. Los miembros del Reino de Dios son también miembros de Su cuerpo, Su iglesia y Su esposa. El traerá consigo a todos los que son ahora miembros del Reino para que reinen (Apocalipsis 20:6).

Siendo un reino espiritual, el mando de Cristo es mucho más completo y eficaz en la vida de los miembros del Reino que si el reino fuera material.

E. EL ESPIRITU SANTO TRAE AL REY AL CORAZON:

Referencias Bíblicas:

Colosenses 1:27 “... Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.”

Efesios 3:17 “Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones.”

2 Corintios 3:17 “Porque el Señor es el Espíritu.”

Jesús es el Rey Si el Reino de Dios está dentro de nosotros y el Reino es un reino espiritual, entonces para que Jesús reine es necesario que El entre en el corazón del creyente. ¿Cómo puede ser esto? Hay sólo una respuesta; es porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo. Cuando recibimos el Espíritu Santo, Jesús entra en nuestros corazones. Si pedimos a Cristo que entre en nuestro corazón, realmente estamos orando para que nos llene con el Espíritu Santo; porque sólo de esta manera Jesús entra en nuestros corazones.

Al repetir las palabras de la oración del Señor, “Venga tu reino, Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra,” estamos orando para que el Espíritu Santo nos llene porque esa es la única manera que Su Reino puede entrar en nuestras vidas.

Sólo cuando Jesús está reinando se puede decir que Su voluntad está siendo hecha en la tierra como en el cielo.

F. EL REINO DE DIOS ES EN PODER:

Referencias Bíblicas:

1 Corintios 4:20 “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”

Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo.”

Hay poder en el Nombre de Jesús, hay poder en Su Palabra. Hay poder en Su sangre. El poder está disponible porque Jesús, la fuente del poder, viene a habitar en el corazón de Sus hijos.

Hay poder para echar fuera demonios, para vencer el mal, para vivir victoriosamente, para testificar y para ganar almas.

El Reino de Dios es mucho más que palabras vacías; tiene poder para salvar al pecador de sus pecados y darle la victoria.

G. LA ENTRADA AL REINO ES POR EL NUEVO NACIMIENTO:

Referencias Bíblicas:

Juan 3:5 “... el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Lucas 16:16 “Desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.”

Colosenses 1:13 “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”

Es evidente que la entrada al Reino de Dios es por el nuevo nacimiento, la obra de regeneración, el acto de ser cambiado completamente, trasladado de un reino a otro. Podemos entender los requisitos de entrada al estudiar el sermón evangélico que predicó el Apóstol Pedro, a quien fueron dadas las llaves del reino (Mateo 16:19).

Pedro predicó:

1. El arrepentimiento;
2. El bautismo en agua en el Nombre de Jesús.
3. El bautismo del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
TOMO: DOCTRINA IV
CURSO BÍBLICO “ALPHA”
RALPH VINCENT REYNOLDS